RESUMO: Suelo, sedimento, rastrojo, chacra, chaco, piso, campo, terreno, huerto, son, entre muchos otros, términos empleados para referir a aquello que, en contextos campesinos, de comunidades tradicionales e indígenas, se nombra como la tierra. Esta proliferación de palabras y sentidos no es casual: revela la densidad material, histórica y relacional de un fenómeno que desborda las categorías analíticas de la modernidad. Ni puramente natural ni exclusivamente cultural, la tierra es materia viva; objeto de trabajo y sujeto de cuidado, ruego y reciprocidad; apropiada, pero también constitutiva de pertenencia. Es aquello que da y quita, por lo que se vive, se lucha y se muere.
La tierra es una de los artefactos más vastos y duraderos producidos por la acción humana: una construcción histórica inacabada, resultado de procesos que operan en múltiples escalas temporales y espaciales. En contextos indígenas y campesinos de América del Sur, estos procesos pueden remontarse a milenios, entrelazándose con transformaciones sociales, políticas, agrarias y ambientales de gran profundidad. Lejos de establecer una separación analítica rígida entre tierra y territorio, este simposio parte de su imbricación: si la tierra remite a la materialidad históricamente producida, el territorio alude a las tramas de relaciones, poder y significado que la constituyen y la hacen habitable. Esta perspectiva permite tensionar las dicotomías naturaleza/cultura y objeto/sujeto que han estructurado buena parte de la teoría arqueológica.
Las experiencias andinas, de la Amazonía y de otras tierras bajas tropicales muestran que, en estos paisajes bioculturales, la fertilidad, la biodiversidad y la resiliencia no son atributos “naturales”, sino el resultado de relaciones históricas multiespecie, sostenidas por prácticas de larga duración y conocimientos locales. Comprender la tierra en estos términos implica reconocer que estos procesos se inscriben en esquemas relacionales que difieren de las racionalidades instrumentales de la modernidad occidental, donde la tierra no es solo recurso, sino también agente, memoria y vínculo. Su estudio exige, por tanto, abordajes híbridos que articulen arqueología, antropología, etnopedología, geoarqueología, arqueobotánica e historia ambiental, así como marcos teóricos capaces de cruzar y desestabilizar los límites disciplinarios convencionales.
Este simposio convoca contribuciones que aborden la tierra como problema teórico y empírico en la arqueología sudamericana. Se invita a presentar trabajos que, desde distintos contextos y enfoques, exploren temas como la producción histórica de suelos y paisajes, la domesticación del entorno, las ontologías relacionales, las interacciones multiespecie y los legados antropogénicos de larga duración. Se valorarán especialmente propuestas que integren datos arqueológicos con perspectivas etnográficas, ecológicas o históricas, y que contribuyan a una comprensión crítica, situada y plural de eso que llamamos la tierra.